Facundo Campazzo, entre la Generación Dorada y la Scaloneta, y el deseo de revancha: «La tormenta perfecta que sufrimos es el combustible para volver al Mundial»

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El sol de una fresca tarde porteña se filtra por los ventanales del lobby de un hotel en San Telmo. Mientras una tripulación de un vuelo transatlántico observa un partido del Mundial antes de partir hacia Ezeiza y un gerente espera a su cita para un café de negocios, los sillones más apartados de la planta baja aguardan a Facundo Campazzo para una charla de media hora.

Facundo Campazzo, entre la Generación Dorada y la Scaloneta, y el deseo de revancha: «La tormenta perfecta que sufrimos es el combustible para volver al Mundial»

El joven de 19 años que este periodista vio ganar la Liga Nacional de Básquetbol en Mar del Plata con la camiseta de Peñarol es hoy un padre de familia de 35 años, con algunas canas, pero la misma sonrisa de siempre. A punto de jugar el jueves a las 22:10 en Montevideo un encuentro Uruguay-Argentina por las Eliminatorias rumbo al Mundial de Qatar 2027, llega el momento de un diálogo sincero y cara a cara.

—Llegaste a la Selección Mayor en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con 21 años. Han pasado 14 años en el alto nivel. Pasaste de ser aquel pibito desfachatado a convertirte en el líder del equipo. ¿Cómo viviste ese proceso? ¿Qué aprendiste manteniendo siempre el compromiso de jugar para Argentina cada vez que podés?

—La verdad, pasó todo muy rápido.

—¿Muy rápido?

—Sí, rapidísimo. No sé cuándo ocurrió tanta transformación, como dijiste. Primero me caracterizaba por ser el revulsivo, alguien que al entrar buscaba romper el ritmo y correr. Ahora, a veces, sé manejar hasta los tiempos del partido. Fue una evolución. Pasaron muchos años, pero también me tocó jugar y compartir equipo con líderes de los que traté de sacar el mayor provecho: Leo Gutiérrez, Luis Scola, Manu Ginóbili. También con entrenadores como Sergio Hernández, y ahora con Pablo Prigioni. Lo único cierto es que todo pasó muy rápido.

—Tus 14 años en la Selección se pueden dividir en tres etapas: de 2012 a 2016, cuando el retiro de Manu y Chapu Nocioni marca el fin de la Generación Dorada; de 2017 a Tokio 2020, que termina con el retiro de Luis e incluye el subcampeonato mundial de China 2019, una de las mayores proezas del deporte argentino, asumiendo un rol distinto; y la tercera, hasta hoy, con vos como líder experimentado. ¿Cómo resumirías cada una?

—La primera etapa fue de aprendizaje: observar, estar en silencio y aprender de aquellas bestias que tenía al lado. Aportar en la función y posición que me tocara. En la segunda etapa tuve un poco más de protagonismo. Éramos más los jóvenes que los “viejos” y ese fue el inicio de nuestra camada. Tuvimos que dar un paso al frente ante las ausencias que se avecinaban. Pero contábamos con Luis, que nos llevó a lugares que nunca imaginamos. En esta tercera etapa, junto con Lapro (Nicolás Laprovíttola), Gabi (Gabriel Deck) y Brussi (Nicolás Brussino), buscamos aportar nuestro liderazgo en beneficio de la Selección. A medida que crecía, ganaba experiencia y me preparaba mejor cada vez que venía. Pero la mentalidad sigue siendo la misma: observar y aprender más que hablar. Siempre intenté estar callado, escuchar al que tengo en frente o al lado. Nunca fui muy de hablar ni de dialogar, sino de dar el ejemplo con el trabajo. Así me enseñaron.

—Claro, pero el ejemplo se da en la cancha, en los momentos decisivos. Podés “boquear”, pero si no lo respaldas…

—(Interrumpe) Sí, claro. Algunos son más naturales para hablar. Luis combinaba trabajo y palabra, y cuando hablaba todos lo escuchaban. A mí me resulta más cómodo demostrar con trabajo y preparación. Con el tiempo sumé experiencia.

En noviembre de 2012, la Federación Internacional de Básquetbol aprobó un sistema de clasificación a los Mundiales que entraría en vigencia en 2017, de cara a China 2019. Las Eliminatorias se jugarían en “ventanas” en las que se suponía que las ligas del mundo se detendrían, llevando el deporte a todos lados y generando ingresos a las federaciones nacionales.

Pero esa iniciativa, que parecía una panacea, se transformó en una hecatombe. Se eliminaron los Premundiales y Preolímpicos, y surgieron problemas para que los seleccionados contaran con sus jugadores que militan en la NBA o Euroliga. Argentina fue de los más afectados, culminando con la dramática no clasificación al Mundial 2023 ni a los Juegos Olímpicos de París 2024.

En noviembre pasado, para disputar un partido con la celeste y blanca, Campazzo y Deck recorrieron 28.000 kilómetros entre Bulgaria —donde jugaron con Real Madrid—, Cuba, Argentina, Madrid y Estambul, sede del siguiente encuentro del equipo. “Nunca se pensó en la salud del jugador. Lo que parece heroico y legendario, para mí es muy riesgoso”, afirma Campazzo con firmeza.

“Cualquiera que juega la Euroliga y tiene la chance de competir con la Selección quiere venir, pero es una locura —continúa—. Por ejemplo, jugar en Mar del Plata, al otro día viajar a Canadá y luego volver a Europa para enfrentar a Olympiacos en Grecia, con partidos importantes. Me parece absurdo. Este sistema beneficia a los europeos, que están más cerca, pero nosotros, los dominicanos, puertorriqueños, brasileños, debemos viajar largas distancias

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