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Son muchas las instituciones que se suman a la lucha para evitar que el nefasto flagelo informático conocido como «Ballena azul» afecte a nuestros jóvenes.

Inicialmente los padres deben saber que “Ballena Azul” se presenta como un “juego” que se transmite a través de grupos cerrados por redes sociales (Facebook y Whastapp), principalmente entre adolescentes y jóvenes.

Los y las adolescentes reciben mensajes en sus teléfonos o en sus perfiles de Facebook u otras redes sociales para unirse a grupos cerrados y poder participar en este desafío.

El mismo propone a los participantes cincuenta pruebas que deben cumplir para ganar. Entre las pruebas se incluyen retos como realizarse cortes y autolesiones en sus cuerpos; también muchas de ellas pueden afectarlos psicológicamente; y pone en riesgo su integridad y salud puesto que el desafío final para completar el “juego” es el suicidio del participante.

Ante la difusión de esta práctica que entraña riesgos para la integridad física y psicológica de niños, niñas y jóvenes, la Representación Provincial ante el ENACOM, adhiriendo a lo expresado por la Unidad Fiscal Especializada en Delitos Informáticos (UFECI) de la Procuración General de la Nación y la Asociación Faro Digital, enuncia las siguientes recomendaciones a padres y madres:

 ¿QUÉ COSAS INDICAN QUE SEÑALES QUE UN CHICO O UNA CHICA ESTÁN PARTICIPANDO?
1)     Atender si se producen cambios de conducta, de humor o comportamiento extraños.
2)     Si sus hijos comentan en las redes sociales sobre la “Ballena Azul”, o si ponen emoticones o dibujos de ballenas, o algo relacionado a ballenas.
3)     Cortes en el cuerpo o lastimaduras.
4)     Gran interés en que los padres no vean lo que están haciendo en la web o en el teléfono celular.
5)     Aislarse para ver películas de terror o interés en salir de casa.

 ¿QUÉ PUEDO HACER COMO PADRE Y MADRE?
1) Generar en la familia un espacio de diálogo sobre las actividades que realizan principalmente los y las adolescentes en Internet, acompañándoles y orientándoles en la navegación segura por Internet y advirtiéndoles sobre los riesgos y peligros a los que se pueden enfrentar en los espacios digitales.
2) Conversar en familia sobre los modos más adecuados de relacionarse en Internet y en las redes sociales, alentándoles a que dialoguen con personas que conozcan fehacientemente. Es importante crear instancias de diálogo, confianza y escucha para saber si ya se han expuesto a determinados riesgos.
3)  No negar el acceso de los chicos y chicas a Internet y las redes sociales. Esto puede fomentar que elijan hacerlo a escondidas, sin que se enteren los adultos. Estar atentos, observar e indagar no significa invadir la privacidad de los/las adolescentes. Las actitudes de control y vigilancia pueden conseguir alejarlos, que desconfíen de los adultos cercanos, y que no pidan ayuda cuando verdaderamente la necesiten.
 4) Cultivar un vínculo basado en la confianza puede facilitar que se produzca un diálogo más fluido, que nos compartan sus preocupaciones e inquietudes y, conocer lo que sienten o lo que les pasa, y que podamos ofrecerles nuestra ayuda ante sus dificultades.
5)   Cuidar con la misma atención a los/las adolescentes en Internet y en las redes sociales así como se los cuida cuando salen a la calle o se alejan del hogar. Los adultos deben reflexionar y comprender que el espacio presencial (la vida cotidiana) y los espacios digitales (Internet y redes sociales) ya no son dos ámbitos distintos sino que coexisten y han dado forma a un nuevo espacio público, convertido en uno solo. Como afirma la Asociación Faro Digital, en Internet los chicos y chicas desarrollan gran parte de su vida, y ponen en juego tantas o más cosas que en el plano real.
 6)     Proponerles que igualen sus acciones en Internet con las de la vida real, y reflexionen sobre si no harían algo riesgoso que le pide otro chico o chica personalmente, porqué lo haría si se lo piden por un mensaje de una red social. Por eso es importante comprender el lugar que Internet y las redes sociales ganaron en nuestras vidas, pero mucho más en la de los jóvenes.
 7)   Acompañar a los chicos y chicas en la navegación por Internet, y conversar con ellos sobre los peligros a los que se pueden enfrentar en la red, escuchándolos por si ya se han expuesto a estos riesgos.
 8)   Estar atentos a posibles cambios en su físico o su conducta. Si detecta un grupo que promocione este desafío “Ballena Azul”, no lo elimine ni bloquee. Es conveniente que guarde la mayor cantidad de información posible para entregar a las autoridades.
 9)   Es importante que padres y madres tengan una actitud activa en la vida que los chicos y las chicas desarrollan en Internet, procurando conocer a través del diálogo qué sitios web y redes sociales usan y con qué contactos interactúan, sin invadir su privacidad. Así como los adultos conocen sus rutinas en la escuela o el barrio, y con quiénes se relacionan en estos ámbitos, padres y madres deben saber también qué gustos, rutinas y contactos tienen sus hijos en el mundo digital, con quiénes se vinculan y qué intereses tienen en esas relaciones. En síntesis, acompañarlos, fomentándoles buenos valores y haciéndonos referentes en el espacio digital, sin esquivar atender estas problemáticas.
 10)  Si observa cualquier conducta extraña de su hijo o hija, pida ayuda comunicándose al Teléfono gratuito 9-1-1, o realizando una denuncia en la Comisaría o Fiscalía más cercana a su domicilio.

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