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"Estoy de un lado para el otro buscando respuestas y una solución" comenzó relatando Samanta Muñoz, la joven de 30 años de edad, madre de 5 hijos, que en la madrugada del sábado fue torturada por su marido Luis Alberto Quispe de 36 años de edad, quien la golpeó salvajemente y la quemó en medio de una escena de celos. Es que durante la mañana del lunes, mientras dialogaba con Tempranísimo, debía seguir con los trámites legales y burocráticos, yendo de una dependencia policial a otra, y también tenía que encontrarse con el médico legal que aún no la había revisado, a pesar de haber pasado más de 48 horas del hecho. "Estoy buscando respuestas, por ahora sigue todo igual, él declaró y nada más" dijo sin ocultar el miedo de volver a cruzar a su agresor.

En diálogo con Tempranísimo, Samanta aseguró que "no es la primera vez que me agredió. Siempre lo hacía, física o psicológicamente, me amenazaba con degollarme a mi y a mis hijos si contaba algo. le pedía que no se comportara así conmigo, pero siempre me repetía que si yo lo dejaba, no tenía idea de lo que me esperaba".

Samanta llevaba en pareja con Quispe casi 2 años; ella tiene de un matrimonio anterior 5 hijos que no viven con ella.

Continuó relatando que "cada vez que yo me decidía a dejarlo, me amenazaba, me tenía inmóvil por eso". La primera vez que tuvieron un episodio violento, según contó, "fué cuando vivíamos en Salta y él estudiaba en la escuela para el Servicio Penitenciario. Un día el se iba a clases y no encontraba la llave de la casa, me quería dejar encerrada y al no encontrar la llave se enojaba cada vez más, me gritaba, me rompió la ropa, las sandalias, mis documentaciones personales... yo fuí una tonta por no haberlo denunciado en ese momento. Pensé en dejarlo, volverme a Orán a seguir con mi lucha porque quiero recuperar la tenencia de mis hijos, pero él me lavaba la cabeza, me lloraba, me pedía perdón, me decía que me amaba... y yo lo perdonaba".

Contó además que "yo trabajaba todo el día en Salta, me iba temprano y pedía permiso para salir a la siesta, ir a cocinarle a él, dejar la ropa en remojo para lavar más tarde, y en una hora volvía a mi trabajo. Él no hacía nada para darme una mano. Yo lo mantenía, me encargaba de llevar la comida a la casa e incluso le pagaba el colectivo, las fotocopias de sus estudios, en fin hacía estirar la plata. Eso fué siempre, incluso hasta ahora, pero él nunca lo valoró", dijo dolida. 

Sobre el último episodio de violencia ocurrido en la madrugada de este sábado, y del cual salió con vida de milagro, relató que "habíamos salido a bailar en la noche del viernes, estaba todo bien. Cuando volvíamos a casa en la madrugada del sábado pasó un auto, como es típico que ocurra a esa hora y a la salida de los boliches, y alguien me lanzó un piropo. Yo no se quien es, ni siquiera vi a las personas que iban en el auto. Cuando llegamos a casa (Quispe) me desnudó por completo y comenzó a pegarme exigiendo que le diga quien era el que me saludó en la calle. Ahí comenzó todo".

"Primero casi me desmaya de una piña, me agarraba de los pelos, me pagaba con el cinto y después me quemó. Él quería que yo le hable, si me callaba, peor se enojaba. Todo ocurrió dentro de la habitación donde vivimos. Con los golpes quedé medio dormida, pero el me despertaba a cintarazos para que lo siga escuchando. Entonces comenzó a quemarme con la cuchara que calentaba en la hornalla de la cocina. Su intención era quemarme mis partes íntimas, pero yo me defendía con los brazos y piernas, por eso solo me lastimó ahi", expresó.

Agregó que "quería que le diga quien era el chico que me piropeó, decía que de seguro yo lo conocía o había salido con él, me arrodillé llorando, le pedí que no siga, que no me mate, por mis hijos. Me agarró de los pelos y me tiró de nuevo a la cama. Grité, pedí ayuda, pero me metió un trapo a la boca para callarme... y una vez que me quemó, pasó un tiempo, se cansó de gritarme, y me devolvió la ropa para que me vistiera, y me dijo 'dormite, no quiero escuchar que llores'. Yo no podía dormir del dolor, el se acostó y me agarraba los pies para asegurarse de que no me escapara. Cuando pensé que se había dormido intenté levantarme y se despertó, me dijo 'nadie te dio permiso de salir, acostate'... entonces me quedé callada, inmóvil de nuevo donde estaba. Intenté escapar por segunda vez y pasó lo mismo, se despertó y me ordenaba que me duerma, que no iba a salir. Recién tipo 10 de la mañana él se durmió profundamente y logré levantarme. No se imaginan el miedo que corría por mi cuerpo de pensar que pasaría si él me veía saliendo por esa puerta... Logré ponerme unos calzados, abrí la puerta y salì por el fondo. Me vió su hermana y no dijo nada, ella nunca se mete... Entonces salí a la calle, me iba escondiendo y con un miedo terrible, hasta que encontré un remis. No dudé en subirme e irme a la casa de mi prima".

A partir de allí, Samanta se encontró con su prima que la acompañó a la Comisaría 20 a hacer la denuncia, después la llevaron al Hospital donde la revisó el médico de guardia y le dio un formulario apra que complete el médico legal de la Policía, a quien no pudo encontrar durante todo el fin de semana.  

"Pensé que me mataba en la primer piña que me dió. Cuando me quemaba, en un momento no aguanté más y le pedí que me mate de una vez, y me contestó que él quería que yo sufra... Si llegaba a tener un arma reglamentearia o algo similar estoy segura que no iba a dudar en matarme, ya me lo dijo varias veces" siguió contando Samanta.

"Yo lo amaba, pero ahora no. Quiero que el sufra todo lo que me hizo, no quisiera que esto quede así, y mucho menos que otra chica pase por lo que estoy pasando yo. Tengo mucho miedo, de que lo dejen en libertad. Se que me pondrán custodia policial pero es difícil que estén conmigo las 24 horas, más que nada por mi trabajo que me obliga a andar negocio por negocio todo el día" (la joven trabaja en bromatología de la Municipalidad). Aunque le aseguraron que la policía la cuidará, no pudo evitar mostrar su miedo a que él la vuelva a agredir, porque sería implacable.

Por el momento se supo que desde Derechos Humanos bajarían profesionales para acompañar a Samanta durante este proceso de recuperación.

Quispe tendría antecedentes de violencia de género según lo relatado por Samanta. Al parecer, trataba de igual manera a su anterior pareja. "Me contaron que la agarraba a manguerazos pero la hermana de Luis que vive en la misma casa nunca se metió. Al igual que ahora. Dice que es problema nuestro, no de ella. Creo que incluso ahora salió a decir que yo me hice sola las heridas. Nunca hizo nada por ayudarnos y defiende a su hermano" contó, agregando que se enteró de que ex pareja del agresor ahora carga con una enfermedad a raiz de los golpes que le daba Quispe.

Samanta es una víctima más de violencia de género en nuestra ciudad, en nuestra provincia, con la fortuna de poder contar en primera persona lo sucedido, sin lamentar una nueva muerte. Salta entera se encuentra acongojada por el hecho, y todos piden protección para esta joven madre. 

Que no haya más Samantas. #NiUnaMenos

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